La historia Universal refleja que la
Humanidad que aporto esa dolorosa cuota de luchar por un mundo mejor, lo
hicieron convencidos de que esa meta constituía un nuevo tipo de relaciones
humanas, libres de la dominación y de la explotación del hombre por el hombre;
una sociedad o alternativa real a un sistema que, por esencia, convertía a los
hombres en simples medios o mercancías; un sistema que, al someter todas las
formas de producción -incluso las más espirituales-, a la férrea ley de la
obtención de beneficios, exigía -para cumplirla- la explotación del trabajo, la
competencia desenfrenada, la transformación del hombre en lobo para el hombre,
la dominación de unos países por otros. Ciertamente, esos males eran y son
inherentes a la naturaleza misma, estructural, del capitalismo, pues sólo así
podía mantenerse su ley fundamental de la acumulación de beneficios. La
necesidad de arrancar esos males era, y es, la razón de ser del socialismo, la
misma razón de que, desde hace siglo y medio, tantos hombres hayan soñado con
esa utopía y dado lo mejor de su vida, sin reparar en sacrificios.
Subrayemos, sin embargo, que se trataba de
un sistema que se presentaba a sí mismo como la realización de la idea,
proyecto o utopía socialista de Marx y Engels. Incluso en sus últimos años,
este "socialismo realmente existente" lo hacían pasar sus dirigentes,
para distinguirlo de otras "sociedades socialistas inferiores" como
el "socialismo desarrollado" que se planteaba ya la construcción de
las bases económicas de la sociedad superior, comunista. Y como tal fue
aceptado en general, en su inmensa mayoría, por la izquierda revolucionaria y,
sobre todo, por el movimiento comunista mundial que convirtió en piedra de
toque de la calidad comunista su defensa incondicional de la patria del
"socialismo": la Unión Soviética.
Los efectos del derrumbe de la alternativa
en que, en realidad, se transformó el proyecto originario de emancipación de
Marx, asumido con la Revolución de Octubre por Lenin y los bolcheviques, son
innegables ya que están a la vista de todos. Subrayemos, sin agotarlos, los
siguientes:
1) Descrédito del socialismo como idea, proyecto o utopía, ya que, la experiencia histórica ha invalidado al "socialismo real".
2) Inexistencia en la actualidad de una alternativa efectiva al capitalismo y, por tanto, de barreras estructurales o límites a su expansión económica y hegemonía política. O dicho en otros términos más actuales: irresistible globalización económica y política ante la que caen mercados y soberanías nacionales.
3) Reforzamiento de la explotación de los trabajadores y agravación de sus condiciones de vida (desempleo creciente y tendencia a transformarse en estructural, recorte de sus prestaciones sociales, etc.) y extensión de las relaciones de dependencia y dominación, por la vía financiera, entre los países ricos y pobres, lo que se expresa, a su vez, en el desplazamiento de la bipolaridad por la unipolaridad encarnada por la mayor potencia capitalista, de la que se vuelve instrumento la propia Organización de Naciones Unidas.
4) Vacío ideológico en el cielo de las utopías o esperanzas que es ocupado por las viejas ideologías que parecían estar sepultadas: el integrismo religioso, el nacionalismo exacerbado y excluyente y los fundamentalismos étnicos y raciales de diverso tipo.
Y, finalmente, 5) desconcierto y desencanto de la izquierda, tanto mayor cuanto más dogmática y acríticamente se había comportado. Ciertamente, algunos signos alentadores comienzan a dibujarse en este oscuro panorama con los triunfos electorales de la izquierda moderada en Inglaterra y Francia, y con las repercusiones de los movimientos sociales radicales de América Latina, como el zapatista en México y el de los Sin Tierra, en Brasil.
1) Descrédito del socialismo como idea, proyecto o utopía, ya que, la experiencia histórica ha invalidado al "socialismo real".
2) Inexistencia en la actualidad de una alternativa efectiva al capitalismo y, por tanto, de barreras estructurales o límites a su expansión económica y hegemonía política. O dicho en otros términos más actuales: irresistible globalización económica y política ante la que caen mercados y soberanías nacionales.
3) Reforzamiento de la explotación de los trabajadores y agravación de sus condiciones de vida (desempleo creciente y tendencia a transformarse en estructural, recorte de sus prestaciones sociales, etc.) y extensión de las relaciones de dependencia y dominación, por la vía financiera, entre los países ricos y pobres, lo que se expresa, a su vez, en el desplazamiento de la bipolaridad por la unipolaridad encarnada por la mayor potencia capitalista, de la que se vuelve instrumento la propia Organización de Naciones Unidas.
4) Vacío ideológico en el cielo de las utopías o esperanzas que es ocupado por las viejas ideologías que parecían estar sepultadas: el integrismo religioso, el nacionalismo exacerbado y excluyente y los fundamentalismos étnicos y raciales de diverso tipo.
Y, finalmente, 5) desconcierto y desencanto de la izquierda, tanto mayor cuanto más dogmática y acríticamente se había comportado. Ciertamente, algunos signos alentadores comienzan a dibujarse en este oscuro panorama con los triunfos electorales de la izquierda moderada en Inglaterra y Francia, y con las repercusiones de los movimientos sociales radicales de América Latina, como el zapatista en México y el de los Sin Tierra, en Brasil.
Cuando se habla de los efectos sociales e
ideológicos de la caída del "socialismo real", se trata de
hechos o de una realidad indeseable a la que hay que enfrentar. Y, a su vez, de
hechos -imprevisibles, ciertamente, pero no casuales. Naturalmente, tenemos que
enfrentarlos, la izquierda tiene que empuñar las armas de la crítica y la
autocrítica, durante tanto tiempo oxidadas. No vamos a fijar ahora nuestra
atención en todos los efectos del "derrumbe" antes apuntados. Nos
detendremos en el primero: el descrédito de la idea de socialismo. No se trata
de una simple cuestión teórica o académica, sino práctica y vital, porque del
rescate de esta idea depende en gran parte un logro esencial: la superación del
desconcierto y la pasividad de la izquierda, pues sólo manteniendo viva la
idea, el proyecto, que durante más de un siglo ha constituido para millones de
hombres la razón misma de su existencia, se puede plantear la necesidad y
posibilidad de su realización.
Al descrédito del socialismo, y a su
consecuente renuncia en la práctica política, se llega por vías distintas.
Veamos brevemente:
1.- Al identificarse lo ideal con lo real; o sea: el proyecto con sus resultados. Lo que cuenta, entonces, no es de donde parte, sino a donde llega. Ahora bien, esta realidad a la que se llega, cualesquiera que sean las intenciones emancipatorias originarias que estaban en su punto de partida, no es -de acuerdo con la posición que hemos venido sosteniendo ya antes de que se produjera el "derrumbe"- una sociedad socialista, si por socialismo entendemos una sociedad o sistema social en el que el Pueblo, liberados de la dominación y explotación capitalistas, dominan sus condiciones de existencia y establecen relaciones mutuas bajo principios de libertad, igualdad y justicia social. Ciertamente, esa sociedad requiere como premisa necesaria -premisa que cumplió la Revolución de Octubre y en ello reside un significado histórico-universal que no puede ignorarse la abolición de las relaciones sociales capitalistas con sus dos pilares: la propiedad privada sobre los medios de producción y el poder absoluto y hegemónico del mercado. Condición necesaria, hay que subrayarlo ya que hoy se tiende a borrarla, pero -como demuestra la experiencia histórica de alguna manera mencionada por Marx y Engels- necesaria pero no suficiente.
1.- Al identificarse lo ideal con lo real; o sea: el proyecto con sus resultados. Lo que cuenta, entonces, no es de donde parte, sino a donde llega. Ahora bien, esta realidad a la que se llega, cualesquiera que sean las intenciones emancipatorias originarias que estaban en su punto de partida, no es -de acuerdo con la posición que hemos venido sosteniendo ya antes de que se produjera el "derrumbe"- una sociedad socialista, si por socialismo entendemos una sociedad o sistema social en el que el Pueblo, liberados de la dominación y explotación capitalistas, dominan sus condiciones de existencia y establecen relaciones mutuas bajo principios de libertad, igualdad y justicia social. Ciertamente, esa sociedad requiere como premisa necesaria -premisa que cumplió la Revolución de Octubre y en ello reside un significado histórico-universal que no puede ignorarse la abolición de las relaciones sociales capitalistas con sus dos pilares: la propiedad privada sobre los medios de producción y el poder absoluto y hegemónico del mercado. Condición necesaria, hay que subrayarlo ya que hoy se tiende a borrarla, pero -como demuestra la experiencia histórica de alguna manera mencionada por Marx y Engels- necesaria pero no suficiente.
Antes de concluir debemos advertir los riesgos
que corremos con la implantación deun sistema que en otras oportunidades ha
querido incurrir en países Europeos debemos reconocer lo que Lenin reconoció
sin rodeos: que, después de la toma del poder por los bolcheviques en 1917, no
se daban las condiciones para construir el socialismo, a saber, la necesaria
base económica.
Pero fue también Lenin quien dijo que, una vez
conquistado el poder, se podía crear esas condiciones que aún no existían. Y
aquí está la clave de la explicación de lo que sucedería después, pues una
necesidad engendraba otra.
La necesidad de construir el socialismo en
esas condiciones, tenía que conducir a la necesidad de un Estado fuerte, a una
planificación centralizada de la economía, a una desaparición de la débil
sociedad civil, a la exclusión primero de la democracia representativa, con la
disolución de la Asamblea Constituyente, y más tarde a la nueva forma de
democracia que significaban los Soviets y, finalmente, a la exclusión de toda
forma de democracia. En suma, conducía a la omnipotencia del Estado y del
Partido único y a la supeditación de toda la vida económica, social y cultural
al dominio incompartido de la nueva clase: la burocracia estatal y del Partido.
A estos males hay que agregar el terror generalizado bajo el estalinismo que
acabó con todo disenso y crítica. Todo esto condujo finalmente al estancamiento
y sucesiva descomposición del sistema y, por último, al no poder resistir al
desafío económico, tecnológico y militar del capitalismo, a su derrumbe.
Nosotros debemos evitar la caída de nuestra implantación del socialismo criollo sorteando con mucha estrategia los obstáculos que se presentaron en Rusia en 1917 al iniciar junto con su pueblo las necesidades de inclusión y de justicia en ese país.
Por ello es necesario advertir que no
podemos caer en los mismos errores que ya se han generado en la implantación de
sistemas económicos basados en la desconcentración de poder , y pensando en el pueblo, hasta ahora creemos que el socialismo del siglo XXI
es la única alternativa para Sur america Unidos Venceremos ,
INDEPENDENCIA y PATRIA SOCIALIsTA …Viviremos
y Venceremos….. CHAVEZ en Octubre 2012.
Carlos Ochoa
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